Por ejemplo

José Malet.
Pipo para la familia y los amigos de su infancia.
© gustavo malet photography
© gustavo malet photography
José Malet. Pipo para la familia. Buen conversador y fumador ya retirado. Amante del pan y los libros, en ese orden. Y nunca despreciará un momento para echar un cabeceo oportuno. Él, con tal de criar a sus hijos y verlos crecer, hizo sacrificios. Y no hablo del pan y los libros. Para el hijo, la dimensión que cobran esas palabras cambia profundamente cuando éste se convierte en padre. El tiempo y los momentos que uno pasa con su sangre se vuelven sagrados, toca arrancárselos a la vida, cueste lo que cueste.

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