© Gustavo Malet photography

Al abrir sus ojos, frente a ella se extendía un mar azul profundo e interminable. Se quiso mover, pero sus piernas no le obedecieron y se dió cuenta que estaba paralizada, inmóvil al filo de un acantilado con las olas reventando a cientos de metros bajo sus pies.

La mujer de los ojos transparentes trataba de tranquilizarse mentalmente sin poder entender dónde se encontraba o cómo había llegado allí. Una brisa salada rozaba su cuerpo desnudo mientras ella giraba su mirada a los lados buscando algo o alguien en el paisaje desolado que se extendía a su alrededor, pero solo se escuchaba el mar contra la costa.

No temas, dijo secamente una voz a su lado. Al mirar bruscamente, vio una señora negra vestida de blanco impecable que miraba serenamente hacia el horizonte. ¿Quién eres? ¿Dónde estoy? preguntó nerviosa y en voz baja, temiendo que de pronto tampoco pudieran salir palabras de su boca. Estás aquí porque necesitas una respuesta que estás buscando, estás aquí para tomar una decisión, dijo la señora, siempre con la mirada fija en el horizonte.

Pero no… no lo entiendo, empezó a decir cuando la otra la interrumpió con un movimiento rápido de la mano. Entonces la mujer de los ojos transparentes se fijó desconcertada en aquella dama de edad incalculable, con sus collares de pequeñas cuentas de colores y su vestido blanco agitándose suavemente al viento. Nunca te has arrepentido de lo que haces, nunca has temido tomar riesgos, no lo pienses más, simplemente toma lo que te pertenece, es tuyo.  Al escuchar esto, la mujer de los ojos transparentes empezó a deslizarse lentamente hacia adelante, hacia el vacío, y la señora negra vestida de blanco ya no estaba.

Cuando abrió sus párpados, la mujer de los ojos transparentes estaba nuevamente sentada en la cocina de su casa. El ruido del tráfico que llegaba de la calle y el olor fuerte a tabaco la trajeron a la realidad.  Con la taza de café a medio camino, su marido la observaba con una mueca de asco. ¿Se puede saber qué carajo te pasa? Te he estado preguntando algo y solo me has respondido con esa cara de estúpida.

Ella se levantó lentamente de la silla, comprobando que sus piernas le pertenecían otra vez y que podía levantar su cuerpo con su vientre de 8 meses de embarazo. Me debo ir.

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